poemas para alfonsina
ese mar incalculable,
murmullo de la parca
que la espera
con los brazos de un amante,
abiertos como ojos felinos y atentos.

el tiempo se hace añicos,
millones de segundos
caen atolondrados al suelo
y se crea la arena.
ella acaricia con sus pies de poetisa
esa playa vespertina,
que es fría e infinita,
será, quizás,
su último verso triste.
las olas transpiradas en sal
la llaman, la seducen.
la poeta se entrega tarareando
una melodía que resuena
bajo las aguas.
el sueño es una densa neblinaencerrada en el escenario
del recuerdo y de lo posible,
es una tela de colores
con sonidos guturales,
es también el efecto de un alucinógeno
que lanza mi humanidad
a las entrañas del temor a piel viva,
a la charla con difuntos,
a la comedia mas dulce,
a besos sin rencores.
en mis sueños suelo ser
mi propio héroe,
no siempre,
pero lo intento.
en mis sueños, mujer,
yo soy tu cuerpo,
tus labios,
tus deseos,
y cuando te toco
desfallezco….
abril 25 del 2007.-
- lll -
si andan solas sienten agobio
y vértigo.
cuando un poeta
las elige las encierra entre renglones,
una al lado de la otra.
hay que ver lo encerradas que se sienten
dentro de los libros,
pero cuando esa cárcel es abierta,
y esas seguidillas de letras juntas
son leídas, no hay manera de dejarlas
más contentas,
son libres,
y recorren el mundo inmaterial
de la imaginación y las ideas.
y es aún más cierto
que cuando un niño las lee
sienten cosquillitas…
rústica, sin fantasías,
se parece a un ciudadano porteño.
un cuarto te oprime
sosteniéndote a oscuras y sin razón,
temiendo a las sombras.
por eso la mano se muestra
dubitativa y no se anima
a partir el picaporte.
la angustia del encierro,
de la soledad.
entonces te levantás,
te decidís.
del otro lado
todo está al revés.
la gente no habla,
canta.
ser feliz no es cuestión de suerte,
no hay desilusión.
saliste o entraste?
que pachula, una plantita del jardín,
quería bañarse en sol,
pero que un tosco jardinero
la había plantado en las sombras.

a pesar que florecía
no parecía espléndida.
un día llegó un duende gordito y guapetón,
al verla tan taciturna y colorida a la vez
decidió invitarla a bailar,
a pasear y a tomar agua
de los viveros vecinos.
- es que no se andar, repetía
pachula acongojada
- soy un duende, se cómo viajar
por los pensamientos de esta ciudad,
quiero llevarte…
el río pardo y sus dientes de olas,
los edificios, artificio de la modernidad,
la calle irrespetuosa, apresurada,
como las caderas de un toro excitado y sin dueño,
la arbolada bailando al son del invierno.
todo esto es la ciudad,
apenas sería un murmullo insano en el tiempo.
pero ahí estas vos,
con tus labios lindos
como un libro recostado
que se abre para ser leído por estos besos
míos,
y eso sin que la urbe diérase cuenta
ni siquiera de mi espera.















